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Daniel Fernández (ENGIE): «La energía ya no es solo un discurso técnico sobre renovables, sino un eje estratégico económico, industrial y geopolítico»

11 Jun, 2026 | Dircom

La transición energética ha dejado de ser una conversación exclusivamente climática para convertirse en uno de los grandes debates económicos, industriales y sociales de nuestro tiempo. Comunicarla exige explicar con claridad una realidad cada vez más compleja, donde sostenibilidad, seguridad de suministro, competitividad y asequibilidad deben avanzar al mismo tiempo. 

En Protectores con impacto hablamos con Daniel Fernández, director de Comunicación, Relaciones Institucionales, ESG y Regulación de ENGIE, sobre cómo ha cambiado el relato de la transición energética y qué papel debe asumir la comunicación para generar confianza en un sector cada vez más estratégico.  

 

La Semana Europea de la Energía Sostenible 2026 sitúa en el centro la energía limpia, segura y competitiva. ¿Cómo ha cambiado el relato de la transición energética en los últimos años y qué exige hoy a las compañías del sector? 

En los últimos diez años, el relato de la transición energética ha evolucionado desde un enfoque centrado casi exclusivamente en la urgencia climática y la descarbonización hacia una narrativa mucho más amplia, pragmática y compleja, que integra sostenibilidad, seguridad de suministro y asequibilidad. Muestra de esta visión amplia en torno a la competitividad energética son las crisis desencadenadas por la guerra de Rusia y Ucrania o la más reciente entre Irán y Estados Unidos en torno al Estrecho de Ormuz. No se trata solo de un discurso técnico sobre tecnologías renovables.

La energía se ha convertido en un eje estratégico económico, industrial y geopolítico, donde se habla de competitividad, autonomía estratégica y cadenas de valor.

Este cambio implica que la transición energética ya no se concibe como una simple sustitución de fuentes fósiles por fuentes “verdes”, sino como una transformación que afecta a infraestructuras, tecnologías, mercados y consumidores, incorporando también la dimensión social de una transición justa. En definitiva, la transición no solo debe ser limpia, sino también resiliente, competitiva y asequible. 

Son tiempos de verdadera revolución industrial en torno a una energía más limpia, más descarbonizada, mejor. En este marco, las compañías del sector estamos hoy obligadas a responder con total transparencia a las necesidades de nuestros clientes, gestionar una creciente complejidad tecnológica y regulatoria, adaptarnos con flexibilidad a un entorno incierto, movilizar grandes capacidades de inversión y alianzas y comunicar de forma muy clara objetivos, avances, retos y resultados de manera tangible. En ENGIE, este enfoque se traduce en un modelo integrado que combina producción propia de electricidad a partir de renovables o ciclos combinados flexibles, con infraestructuras locales de descarbonización para terceros, con el objetivo de lograr un sistema energético competitivo, equilibrado y seguro.  

 

¿Cómo se gestiona desde la comunicación una conversación con tantas dimensiones? 

Gestionar una conversación tan multidimensional, como comentaba anteriormente, requiere, ante todo, asumir que la transición energética ya no es un relato único, sino que es el resultado de un equilibrio entre distintos objetivos: descarbonización, seguridad de suministro, competitividad y asequibilidad. Todo ello, teniendo en cuenta la dimensión mas local y mas pegada al territorio en cada proyecto. 

En este contexto, desde ENGIE creemos que es fundamental la coherencia: alinear lo que decimos con lo que hacemos, apoyándonos en datos que sostengan nuestra credibilidad y luchando contra argumentos falsos o apenas fundamentados científicamente.

También es importante identificar en todo momento el público al que nos dirigimos, porque no todos tienen las mismas preocupaciones. Administraciones, empresas y ciudadanos requieren mensajes distintos y muy adaptados a sus prioridades. Otra clave esencial es la transparencia respecto a reconocer tanto los avances como los retos, especialmente en temas sensibles como precios o regulación. 

Es necesario también adoptar un enfoque pedagógico, donde las compañías ayudemos a entender la complejidad del sistema, evitando visiones simplistas que pueden generar desconfianza o expectativas poco realistas.

En ENGIE, abordamos esta complejidad con una comunicación muy conectada al negocio, poniendo en valor las soluciones concretas que desarrollamos allí donde estamos presentes, y explicando el papel que cumplen las renovables en todo este proceso, junto con otras soluciones como la eficiencia energética, el almacenamiento o la gestión de la demanda. Por ello, consideramos que el reto no es acotar o limitar las dimensiones de la conversación, sino hacerla comprensible y gestionarla con rigor, claridad y responsabilidad. 

La energía es un sector muy técnico, pero con impacto directo en la vida cotidiana y en la actividad económica. ¿Cómo se explica esa complejidad sin perder claridad ni rigor? 

Desde ENGIE entendemos que explicar la energía no consiste en simplificarla en exceso, sino en hacerla cercana y relevante. Nuestro objetivo es que un sector tan técnico se entienda a partir de su impacto real. Por ejemplo, en todos nuestros canales de comunicación externa –newsletters, página web, blog, redes sociales, así como en eventos, foros y artículos- explicamos cómo funcionan nuestras áreas de negocio, aportamos datos reales y contamos cómo funcionan nuestras soluciones, así como los beneficios que aportan tanto a los clientes como a los territorios tanto desde indicadores financieros como desde otras métricas sociales. 

 

ENGIE trabaja en ámbitos como renovables, almacenamiento o soluciones energéticas para clientes. ¿Cómo se articula un relato de compañía cuando la propuesta de valor es cada vez más diversa? 

ENGIE continúa trabajando en el desarrollo de prácticas cada vez más sostenibles, asegurando que sus operaciones se llevan a cabo de manera responsable con el medio ambiente y la sociedad, contribuyendo así a la construcción de un mundo más justo y sostenible. Pero siempre desde la integración de nuestro día a día en la cadena de valor de la energía. El relato se construye en torno a una idea sencilla: la energía se produce, se transporta y se consume, y ENGIE está presente en esas tres fases. Ese es el hilo conductor que nos permite integrar actividades muy distintas bajo una misma visión de compañía. En este enfoque se enmarca la reciente adquisición de IGNIS Luz, una operación que refuerza nuestra presencia en la comercialización energética – final de la cadena de valor- ampliando nuestra capacidad para acompañar también a pequeñas y medianas empresas en su descarbonización. 

Este relato no se articula desde cada tecnología de forma aislada, sino desde la capacidad de ENGIE para acompañar a clientes, comunidades y administraciones en su transición energética. Renovables, almacenamiento, redes de calor, eficiencia energética o soluciones a medida para la industria forman parte de una misma propuesta: aportar energía baja en carbono, flexible, competitiva y adaptada a cada necesidad. Todo suma a la hora de hacer realidad una relación nueva con la energía.  

En definitiva, aunque desarrollamos actividades diversas, todas ellas responden a un mismo relato y a un mismo propósito, lo que nos permite construir una propuesta coherente, sólida y fácilmente reconocible desde el propio negocio integrado. 

 

En los últimos años ha crecido el escrutinio sobre la comunicación de sostenibilidad. ¿Qué condiciones debe cumplir hoy un mensaje ESG para ser creíble? 

Hoy, para que un mensaje ESG sea creíble y auténtico, debe estar claramente conectado con la estrategia real del negocio y con compromisos concretos, medibles y verificables.

En ENGIE España orientamos nuestros objetivos de sostenibilidad de acuerdo con las directrices y la estrategia global del Grupo ENGIE, asegurando que nuestras acciones locales estén alineadas con los compromisos corporativos. 

Esta coherencia nos permite reforzar nuestro papel como actor clave en la transición energética, generando un impacto positivo en las personas, el planeta y el negocio. 

Además, creemos que la credibilidad en ESG pasa precisamente por ir más allá de enfoques superficiales, basando nuestra comunicación en hechos, resultados y una transformación real del modelo de negocio. 

Nuestra aproximación se sustenta en un enfoque con prioridades articuladas en distintos ejes de actuación, desde la sostenibilidad ambiental y la innovación en el negocio hasta la gobernanza, la transparencia o las alianzas, que nos permiten abordar la sostenibilidad de forma integral y medible. En este contexto, tan importante como mostrar los resultados es explicar el camino recorrido, los desafíos pendientes y los mecanismos que permiten medir el progreso. 

En definitiva, un mensaje ESG creíble es aquel que refleja una estrategia real, está respaldado por acciones concretas y es capaz de demostrar, con datos y resultados, su impacto a lo largo del tiempo.  

 

Su dirección integra Comunicación, Relaciones Institucionales, ESG y Regulación. ¿Qué aporta esa visión integrada en un sector tan regulado y estratégico como el energético? 

Integrar Comunicación, Relaciones Institucionales, ESG y Regulación nos permite tener una visión mucho más completa y coherente en un sector tan estratégico como el energético.

Son ámbitos que, aunque tradicionalmente se han gestionado de forma separada, están cada vez más interconectados y hoy resulta difícil entender uno sin los otros. El mensaje estratégico debe ser uno y claro, adaptado eso si a los diferentes agentes y grupos de interés que rodean a nuestra compañía. 

Esta visión integrada facilita una mayor coherencia entre lo que hacemos, lo que comunicamos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno.

Nos permite alinear la estrategia de negocio con nuestros compromisos de sostenibilidad, con las expectativas de nuestros grupos de interés y con el marco regulatorio en el que operamos. 

Además, nos da una mayor capacidad de anticipación y de lectura del contexto, al conectar de forma directa la evolución regulatoria, las prioridades institucionales y las expectativas tanto de proveedores y clientes como de nuestros propios empleados y equipos. En un sector tan dinámico y exigente como el energético, esta capacidad es imprescindible para tomar mejores decisiones, explicar con rigor nuestra posición y contribuir de forma constructiva al debate público. 

Todo ello permite que la comunicación no sea solo una herramienta para contar lo que hacemos, sino una función estratégica que ayuda a generar confianza y a acompañar la transformación del sector. 

Mirando a los próximos años, ¿qué papel cree que deberá asumir el dircom para ayudar a las organizaciones a construir confianza en entornos cada vez más complejos, regulados y expuestos? 

El dircom tiene un papel claramente estratégico, no solo como gestor de la comunicación, sino como impulsor de la confianza y de una visión estratégica integrada dentro de la organización. En un contexto de mayor exposición pública, presión regulatoria y exigencia social, la comunicación debe entender muy bien el negocio y estar muy cerca de la toma de decisiones, en el corazón del mismo. 

Nuestra función es conectar el negocio con las expectativas del entorno, ayudando a interpretar riesgos, anticipar tendencias y trasladar mensajes claros y creíbles a los distintos grupos de interés.

Para ello, es clave escuchar, entender las preocupaciones de cada público y asegurar que lo que la compañía comunica está alineado con lo que realmente hace. 

En ENGIE entendemos que el dircom debe actuar como un verdadero facilitador internos, integrando áreas como ESG, regulación y relaciones institucionales para asegurar una visión compartida en torno al mensaje de la compañía y un relato coherente en toda la organización.

A ello se suma la gestión del impacto y uso de la inteligencia artificial, que ya está transformando la forma de analizar información, detectar tendencias y gestionar riesgos reputacionales, siempre desde un uso responsable y sin perder el criterio humano. 

El reto a futuro está en como consolidar al dircom como una figura capaz de aportar criterio, contexto y visión a largo plazo, ayudando a las organizaciones a construir confianza de forma sostenida, incluso en escenarios de incertidumbre. 

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