En la obra “The Sellfish Gene” (1976) de Richard Dawkins, se significa por primera vez y al margen del internet, las redes sociales y las tecnologías de información y comunicación que hoy conocemos al término “meme”, entendiéndolo como una idea, estilo o comportamiento que en el marco de una misma cultura se transmite de persona a persona. Valiendo la pena preguntarse entonces ¿A qué memes se refería Dawkins?

Más allá de la imagen que contiene un texto breve y que compartimos con nuestros contactos en redes sociales, podemos concebir que el meme es una creación simple de generar y fácil de replicar e imitar, es esa expresión, comportamiento, pensamiento o frase que bajo la complicidad que resulta de relacionarnos en una misma cultura, despierta una chispa que lleva al que lo recibe a querer compartirlo con otro hasta el punto de hacerlo viral, probablemente estuvimos ante un meme cuando en vez de reseñar con otros que una personalidad de la vida local o nacional o un referente del espectáculo dijo alguna frase incómoda, pegajosa o graciosa, sencillamente empezamos a utilizarla en situaciones similares que nos suceden. ¿Quién no le dijo a sus amigos – en medio de una aventura – “síganme los buenos” cual Chapulín Colorado? o mejor aún, cuando alguien brincaba un charco de gran dimensión en Venezuela ¿Quién no le gritaba “Ese hombre sí camina”? haciendo alusión al Expresidente Carlos Andrés Pérez en su campaña presidencial.

Está dicho entonces que el meme es un canal de expresión de pensamientos o ideas que pueden ir desde cotidianidades, pensamientos generalizados sobre el espectáculo, el ocio, acontecimientos posicionados en la opinión pública y por supuesto la política, cuya efectividad va depender de su sencillez y de su capacidad para ubicarse en la identidad colectiva; razón por la que podemos entender porqué su estética digital no es tan elaborada e incluso basta con aplicaciones básicas como Paint o Canva para darle vida a alguno, ya que el mismo debe ser accesible en todos los momentos de su gestación: pensamiento, elaboración y divulgación.

Por su parte, al momento de combinar meme y política nos introducimos al campo del polientretenimiento, que de acuerdo a Jörg-Uwe Nieland, es “el entrecruzamiento de actores, tópicos y procesos políticos con la cultura del entretenimiento”, lo cual tampoco es nuevo pues a esto le anteceden formatos tales como los talk shows, parodias, la ficción cinematográfica y televisiva; sin embargo la característica del meme le da un carácter democratizador al humor pues está al alcance de todos, no solo en el ámbito del consumo sino de la producción de contenido, permitiendo a los ciudadanos expresarse y comunicar mensajes políticos con mayor facilidad de ser digeridos por otros.

El meme es entonces una píldora capaz de encapsular reflexiones políticas que con su toque de picardía permite comunicar entre risas situaciones asociadas a los asuntos políticos, despertando así el interés por estos tópicos en medio de un contexto de comunicaciones masivas en donde es vital generar formatos diferenciadores para captar la atención de las audiencias. Asimismo, en contextos restrictivos como Venezuela, el meme reviste de capas de humor, sarcasmo e ironía a la opinión disidente, invocando así el principio de Animus Iocandi el cual permite expresiones sin que puedan ser interpretadas como ofensivas o difamatorias.

¿Y tú, cuántas píldoras consumes y compartes a diario?

Por Ayrton Monsalve, director de la República TV (Venezuela)